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miércoles, 24 de febrero de 2021

Realidad. Fantasma. Equívoco

 Conceptos que colaboran en responder preguntas actuales

Cuando un sujeto tiene un lugar relevante en la trama de la realidad en la que habitamos y, con sus actos, afecta la vida del conjunto –eso es la política–, se hace más complejo el efecto de una decisión, un movimiento, que resulta de una lectura equívoca de la realidad.

Ante los recientes hechos, que revelaron una trama que involucra a varios de estos sujetos y sus actos, me convocó el desconcierto, la sorpresa. Suena y resuena la pregunta: ¿qué pasó?, ¿cómo pudo ser? Seguro que algo salió de su cauce, se desencadenó.

En ocasiones, los sucesos de la realidad pública mediática, y las preguntas que nos generan, colaboran en ubicar mejor ciertos conceptos importantes para el psicoanálisis. En este caso, a su vez, algunos de estos conceptos pueden ayudarnos a elaborar posibles respuestas a dichas preguntas.

 

La realidad construida con tramas (real, simbólico e imaginario), que permiten a los lectores avezados anticipar el próximo cuadro, a veces sorprende.

Esa realidad es distinta para cada sujeto. Lacan la llamó fantasma, una estructura en la que el objeto le va dando forma al sujeto, y recíprocamente. Es como una burbuja aesférica, donde el interior se conecta con el exterior.

Voy a compartirles algunos fragmentos de mi libro Pubertadolescencia que creo que nos pueden ayudar a ubicar la función del fantasma:

En el primer tiempo hay el mundo.

En el segundo, se monta una escena: la del orden simbólico, a la cual se suben todas las cosas de ese mundo para ser dichas. El montaje de esa escena constituye al otro simbólico.

El tercer tiempo es aquel en que el sujeto hace una escena sobre la escena. Eso es el fantasma.

El montaje de la escena sobre la escena del mundo se da en la doble vuelta del significante, a raíz de la repetición significante. Allí el sujeto se extrae, y aparece como corte de ese mundo Otro, del mundo simbólico. Esto hace de marco al fantasma.

El sujeto habla. Habla sin saber, siempre dice más de lo que sabe. Eso lo ubica en el discurso como sujeto del verbo: yo hablo, no soy. El sujeto parlante, por ser parlante, no es; el modo de ser del sujeto parlante es el para-ser.

 

En psicoanálisis, en el que operamos en transferencia, solemos acentuar que el analista debe abstenerse de su fantasma, prestarse al lugar del objeto del analizante y de ese modo poder escuchar la fantasmática en la que habita.

La burbuja (plano proyectivo) a la que me refería como la realidad del neurótico hace que la posición subjetiva se vea nutrida por los hechos externos: a diferencia del psicótico, el neurótico no está “encerrado en su propia burbuja”, sino que lo externo lo afecta, incide sobre él. El fantasma del “tercero excluido”, por ejemplo, puede llevar a un sujeto a sentir que en su grupo o en su trabajo siempre lo dejan afuera, pero al estar abierto a los comentarios de los que lo rodean, tiene la posibilidad de rectificar esta idea.

Hay muchos motivos por los que la trama fantasmática que hace sostén del deseo puede volverse una trampa, un encierro del que hay que salir. Cuando esto ocurre, la “salida” puede ser el pasaje al acto o el acting. En un caso, esto puede ocurrir por identificación al ideal: el “salvador” por ejemplo, que pierde por este motivo la perspectiva que le permitiría ver que no puede erigirse como amo de la salvación (sobre todo en un contexto en el que lo que se trata de trasmitir es que no hay amos).

Esa escena estaba destinada a explotar.

El pasaje al acto, salida abrupta de la escena fantasmática, eyecta al sujeto identificado al objeto.

La trama de la realidad no sigue una lógica impecable porque está sostenida por sujetos parlantes, y una de las características del lenguaje es el equívoco. Entonces, la trama es inestable y, si sumamos varios “eventos desafortunados”, explota.

Como podemos comprobar, siguiendo la cadena de los acontecimientos, un lector atento puede deducir lo que ocurrirá. Esto se basa en la teoría de la repetición, entre otras. Pero hay momentos en que lo que ocurre, sorprende. Acorde a la lógica del invento, donde la cadena prevista se rompe y surge lo inesperado, hay ocasiones en las que un equívoco de un sujeto desencadena efectos imprevistos, incontrolables (todos los in que queramos, inaceptables, imperdonables…), en tanto negación de lo que se esperaba de ese sujeto.

Otro evento que podemos marcar en esta ocasión en particular como pasaje al acto es el del que hace público lo que suponía que habría hecho su otro del espejo, para adelantársele. El mensaje es al público, pero tiene un destinatario específico. En esa realidad, lo que vale (no olvidemos que el valor es lo que otorga sentido) es ganarle de mano al otro: el mensaje “no me sorprendiste” hizo perder de vista que la sorpresa sería generalizada. Aquí también el sujeto sale eyectado de la escena como objeto.

Como podemos ver, el psicoanálisis tiene mucho que aportar a la lectura de la realidad. Emancipa.

 

Adelfa Jozami

domingo, 29 de marzo de 2020

¿Ir al analista es necesario?

El humano vive en el equívoco, carece de certezas. Esto es fuente de angustia. Uno de los modos que encuentra para eludirla es la negación.

En la neurosis, el sujeto va construyendo su realidad de tal modo que vela esa incerteza. A ese velo lo llamamos “fantasma”. El fantasma hace habitable a la vida, provee un marco que permite trazar coordenadas, configura un horizonte para ese sujeto que, de otro modo, debería“saber” todo el tiempo que no sabe sobre su futuro, no tiene armas suficientes contra los embates de la naturaleza. Ni siquiera tiene certeza de su género.

Este velo es atravesado cuando irrumpe algo real, como lo es esta pandemia (en tanto aún no está incorporada en la trama simbólica que ordena a la población mundial). Allí surge la angustia. No hay horizonte.

Si no se reconstruye la trama simbólica, la angustia deriva en desamparo, lo que lleva al pánico. La consciencia de la falta de saber cómo enfrentar a este enemigo, se desplaza al “Otro”: nadie “sabe” cómo resolverlo. Pánico.

Freud diferenciaba a la angustia del pánico. Al pánico se llega por vía del desamparo; se diferencia de la angustia por la pérdida de las coordenadas que daban sostén. No se trata sólo de la impotencia del sujeto, sino también de la del Otro: el que podría proteger.

Por eso nos preguntamos, en plena cuarentena: ¿por qué hace falta un psicoanalista?

El psicoanalista llega a la experiencia de no tener un significante que lo signifique en el Otro. El analista, porque escucha sin saber, se pone en ese punto impropio que facilita la construcción de un saber singular.

El Psicoanalista no comprende ni explica: hace decir.

Si la trama simbólica no se reconstruye, si no hay saber que ese Otro pueda garantizar, mas allá de la angustia que nos hace saber que algo está pasando, aparece el desamparo, el ataque de pánico.


Otra forma de rechazo a la incerteza es la renegación. “Ya sé que hay pandemia, pero aun así… salgo, hago lo que quiero, a mí no me va a pasar… y si me pasa, no importa,tengo una buena cobertura médica…”.

Este es el mecanismo propio de la estructura perversa. No hablamos de personas perversas, sino de la estructura de la perversión.

En la neurosis, ese agujero en el saber puede sustituirse o desplazarse por la confianza en quienes dirigen los destinos de la población, si es que lo hacen con solvencia, mostrando sensibilidad social en sus decisiones, rodeados de investigadores, médicos, científicos, personas que piensan en el destino de la humanidad. El pánico ahí desaparece: se puede implementar la espera, la colaboración.

Cuando el mecanismo que surge es la renegación, esa confianza no se produce, por lo que cumplir con las indicaciones regulatorias es tomado como sumisión y la respuesta es: “hago lo que quiero” o “no tengo que dar explicaciones”, sin comprender el alcance del compromiso social que está en juego.

También hay quienes están a mitad de camino entre la negación neurótica y la renegación: aún no han podido captar la dimensión de lo que es una comunidad. Por eso,el modo de comunicar es fundamental. Ni totalitarismo, ni liberalismo. Se trata del bien común.

El psicoanálisis, sí, tiene que ver con el bien común. “Ir al psicoanalista”, puede no ser necesario pero hace falta.

La tecnología ha extendido los dominios del cuerpo, se ve mas lejos, se escucha mas lejos…Es oportuno usar la tecnología para evitar que se interrumpa en éste tiempo de aislamientos, una práctica que lidia con el pánico que surge cuando la negación no alcanza. Cuando la falta de certeza sobre el porvenir singular, social, cultural irrumpe en las subjetividades.

Para que no prime la única certeza que tiene el humano: la muerte.

Adelfa Jozami

viernes, 21 de febrero de 2020

VIOLENCIA IMPUNIDAD MUERTE

La conmoción que provocó el acontecimiento, la tragedia en Villa Gesell, nos dice, que desconocemos aún mucho del humano y su vida en sociedad. 

La pregunta que podemos hacernos en éste caso en que nos enfrentamos a una acción insensata y brutal, no es la de entender y explicar qué pasó según nuestro conocimiento, sino, cuál sería el acto que lleve a un corte, a un “nunca mas”. A que no se propicie el espacio para que sea posible. La conmoción social también nos dice que como sociedad, si hay Estado que recoja el guante, es posible que algo cambie. Por supuesto que la violencia es inherente al humano, pero también lo es la búsqueda de lo civilizatorio. Como sucedió con el soldado Carrasco o María Soledad Morales u otros casos de trata de personas, o los 30000 desaparecidos. 

Como nos enseñó Freud en Totem y Tabú, una vez muerto el padre que poseía la suma de los goces, para evitar la fratría, tenía que haber lo intocable, lo prohibido: matar, el incesto. Esto da comienzo a una posible vida en sociedad. Luego vienen la leyes y las instituciones que las sostienen. El goce absoluto queda perdido, la civilización. La posible vida en sociedad se asienta en una pérdida. 

Tomo por aquí porque no creo que sea posible interpretar éste hecho como equivalente a un rito de pasaje de adolescente a “hacerse hombre” como puede ocurrir entre los 13 o 14 años, en primer término porque la mayoría de los que participaron ronda los 20 años; tampoco está dentro de los emblemas masculinos el pegar a alguien que ya está reducido; parece que el horizonte era otro. Así como en algunos sitios acentuaban el horizonte de Fernando respecto al deseo de ser abogado, circulaba un mensaje de uno de los victimarios antes de ir a VG que decía que irían a romper lo que no habían logrado el año anterior. Horizontes. 

Del lado de las instituciones hay agujeros respecto a lo que deberían proteger. Del lado del sujeto me interesa pensarlo como la búsqueda de impunidad, como búsqueda de un goce absoluto, sin pérdida. 

En una novela de Y. Mishima: El marino que perdió la gracia del mar, como sucede con la literatura, se pueden leer, algunas respuestas a las preguntas que nos hacemos. Se trata de una pandilla, acá sí de preadolescentes de 13 años, cuyo líder tiene su delirio que remite a un goce absoluto: los genitales eran para copular con la vía láctea. Lo que lo hacía poderoso frente a los otros niños que desbordaban de curiosidad acerca del sexo. 

Un rasgo propio de la pubertad que refiere a la omnipotencia es la apatía. Dice Blanchot al respecto: Es el espíritu de negación aplicado al hombre que ha elegido ser soberano. Es oponerse a la espontaneidad de cualquier pasión, Dice Sade:…el alma pasa a una especie de apatía que se metamorfosea en placeres mil veces mas divinos que los que le procuraban las debilidades. 

Se hacen insensibles y por lo tanto crueles. 

Me refiero a éste texto cuyos personajes son preadolescentes porque coinciden con lo que creo podía ser la búsqueda en ambos grupos que es la impunidad. En éste caso del relato de Mishima, el jefe dice que deben apresurarse a realizar el asesinato pues tienen 13 años y a los 14 en Japón ya son punibles. Es decir, son preadolescentes, que no realizan un rito de pasaje a la adultez sino a la impunidad. 

Para el jefe de la novela de Mishima, matar era equivalente a romper las cadenas interminables de los odiosos tabúes sociales, logrando así un poder real sobre su existencia. Este es el precio que no pueden pagar, que no hay poder absoluto sobre la existencia. Cuando como resultado de un rito iniciático previo al asesinato, matan a un gatito, Mishima escribe: La muerte había transformado al pequeño animal en un mundo perfecto, autónomo. Lo maté con mis propias manos, puedo hacer cualquier cosa por terrible que sea. 

Cuando no es la ética del deseo la que comanda la vida, lo que implica una pérdida, cuando se cree que es Yo quien debe comandarla, para no alienarse al deseo del Otro, el elogio al goce absoluto es inevitable, y la muerte la consecuencia mas verdadera. 



ADELFA JOZAMI

martes, 28 de mayo de 2019

Crueldad vs solidaridad

Hace poco tiempo, a raíz de una acción cruel sobre una niña embarazada a la que le impedían la interrupción de un embarazo producto de una violación, se insistía para defender esta posición, en la importancia del “instinto materno”. Sin embargo, lo que se denomina instinto materno, no es natural, se sostiene por el deseo de tener un hijo. Implica un acto. 

A pesar de que los desarrollos de las ciencias humanas corroboran que lo “natural” en el humano no es tal, la idea de hacer psicología comparada con los animales, prolifera. Que son mejores, que son peores, cuando el humano parlante solo comparte con ellos una maquinaria llamada cuerpo anatómico, que permite, a veces experimentar con los animales para fines medicinales, drogas que luego podrán ser aplicadas en humanos. Pero el cuerpo humano, su fisiología, sus conductas, sus afectos, sus pasiones, están “alteradas” por el significante. Los sujetos no son orientados en su accionar por los instintos, porque entran en el orden del lenguaje, están orientados por el significante. Por ejemplo, el ciclo digestivo, es un circuito de operaciones que también se repite en algunos animales, cualquiera puede advertir que ese ciclo está afectado por el significante, anorexia, bulimia, obesidad, nudo en el estómago… los animales, salvo que tengan una enfermedad observable, no tienen estos padecimientos. 

Es decir, no busquemos en la “naturaleza” la explicación de nuestras crueldades. No vamos a simplificar en lo personal lo que puede llevar a alguien a la crueldad, requiere un abordaje singular, pero evidentemente no es por naturaleza. Implica un acto. 

Cuando Darwin escribió El origen de las especies, produjo un acto, político, que ponía en cuestión el saber religioso, dio origen a la investigación científica sobre los orígenes del humano. 

En lo social, no se puede eludir la responsabilidad política que lleva a una comunidad a actos de crueldad, en nuestra sociedad actualmente son innumerables, impedir un aborto no punible, la persecución y asesinato en San Miguel del Monte, prender fuego a una persona que se refugia en la calle porque no tiene techo, miles de chicos con hambre, ancianos que no pueden comprar sus remedios, cuando esto hace una serie, se comienza a enumerar, algo ya forma parte de un sistema, no es un hecho aislado. Podemos teorizar acerca de la segregación, debemos hacerlo, pero prontamente tenemos que asumir que cuando en una sociedad hay crueldad, es porque prima el odio, de clases primordialmente, porque aunque parezca antiguo, no se entiende cómo un industrial al que su industria funcionaba, podía estar en contra de esa época llamada Kirchnerista. Seguro que también hay otros odios que sostienen la diferencia. No odios individuales, odio como causa en el diseño de políticas. 

Cuando prima la solidaridad, cuando hay alegría, ganas de construir, el deseo se suelta, no es ficción, es el amor. 

Cuando en el bicentenario se veía a todos tan contentos en la calle, me preguntaba, qué fenómenos tan raros ocurren en nuestro país, he transitado épocas donde había miedo de estar en la calle, la respuesta es que detrás de ese fenómeno, lo que empuja es el amor. 


Adelfa Jozami


martes, 26 de marzo de 2019

"Psicoanálisis y chamanismo"

Hasta hace poco tiempo nos abocábamos a diferenciar la práctica del Psicoanálisis de la Psicología haciendo hincapié en que si bien las neurosis y las psicosis se refieren a universos diferenciados con mecanismos comunes internamente, cada sujeto, en tanto efecto de la articulación significante, debía ser escuchado e interpretado en su singularidad y no había lugar a generalizaciones. Un hecho actual, confirma la singularidad de cada sujeto; las innumerables “identidades” sexuales o de goce, que crecen, uno mas uno, hasta advertir que son tantas como sujetos humanos parlantes, cuya nominación culmina con el nombre propio. Pero esto nos lleva a otro tema que en otro momento trataremos. 

Hoy, la difusión de prácticas que se dicen psicoanalíticas y que hacen centro en el modo de intervenir, intervenir para incomodar porque el neurótico se aferra a su posición, me hizo recordar algunas prácticas chamánicas y también algunas cuestiones que hacen del psicoanálisis una práctica que difiere según quién la practica pero que a su vez es inconfundible. 

Respecto a las prácticas chamánicas, aclaro que no teorizo sobre ellas, ni las critico ni siquiera opino sobre ellas, sólo intento marcar las diferencias con el psicoanálisis. 

Lo que las emparenta con el chamanismo es en 1º término, el lugar en el que se ubica el agente de la cura, sitio enigmático, que promete acciones (no acto) desconocidas, conmocionantes, que sacuden, hacen llorar, dan vergüenza, asco, etc. Con esto, en el mejor de los casos, descentran al sujeto de su realidad fantasmática. Esto dá al agente de estas prácticas, poder, poder de sugestión. Nadie negará la eficacia simbólica de esto, pero no se trata de cura psicoanalítica. 

Cuando Lacan en una oportunidad dijo que la cura no debía ser el objetivo durante un análisis, se refería (no le leo los pensamientos, sí su obra) a no tenerlo como objetivo en las intervenciones ya que eso nos llevaría a “hacerle bien”, mientras la cura, que llegará por añadidura, se encuentra “haciendo saber” de lo que hasta el momento el sujeto estaba atrapado. Esto lo incomodará, pero no porque sea lo que queremos hacer. 

La práctica analítica es en transferencia, el sujeto se acerca buscando saber, (no poder) se lo supone al analista, y el trabajo consiste en mostrar que ese Otro que porta el saber que en un comienzo es el analista es su inconsciente, que no es reservorio de nada mas que de la lengua en la que se ha formado. Por eso es que nuestro trabajo se hace con lo que se dice y con los silencios, esto impacta en el cuerpo, no al revés. 

Una de las condiciones del analista que marcan la incompletud de la teoría y la necesidad de la transmisión, es dar razones de su práctica, de éste modo teoriza y transmite. 
Cada una de las afirmaciones que hago aquí y lo que faltaría decir, requieren desarrollo. Ese espacio es hoy cada vez mas escaso. 

El anhelo es que las nuevas generaciones de quienes desean hacer del psicoanálisis su práctica tengan la humildad socrática de buscar saber, de desearlo, de conectarse con los que han venido pensando estas cosas. Porque la humanidad no quiere saber y ese es el motivo de que el psicoanálisis sea rechazado. No nos volvamos agentes de la resistencia, paradójicamente, haciendo cosas “novedosas”. 
  
Adelfa Jozami



miércoles, 3 de enero de 2018

Algunos recursos para intentar responder preguntas de época.


   ¿Cómo puede ser que los que están siendo saqueados, hipotecados, endeudados, los sigan apoyando y votando? 

   ¿Cómo puede ser que durante la dictadura pasaran cosas horrendas y no nos enterábamos?

    Lacan nos ha enseñado que si no hay sujeto barrado no hay deseo. El deseo es lo que empuja al hablante. Este sujeto se constituye como tal en virtud de una pérdida, que Freud nombra castración. No hay sentido de la vida preestablecido, la causa está perdida.

   Este sujeto se ubica en el discurso de manera tal que va dando lugar a distintos lazos sociales (cuatro discursos: histérico, universitario, amo, psicoanalista). En una oportunidad, Lacan, gracias a un equívoco, encuentra lo que llamó el discurso del capitalista, donde la pérdida no se produce. No hay deseo. De allí la voracidad por la riqueza y su equivalente en el consumo, sin límites, infinito, el único horizonte se consigue con la destrucción.

   Como psicoanalista he tenido la oportunidad de escuchar situaciones tales como que un sujeto con una riqueza considerable, organizada para que siga acrecentándose, calculaba meticulosamente los gastos del supermercado que hacía su mujer, no daba propina y ahorraba en zapatos. Lo que constituía un gasto lo angustiaba.

   Otra versión: No sé qué pasa con mi hijo, siempre tuvo todo y ahora se la pasa tirado, no tiene ganas de nada. No hay deseo. A falta de algo que empuje, que cause, distribuyen mandatos, de lo que muchas terapias no son ajenas.

   Es bastante aterrador observar como todo puede ser convertido en consumible, ¡hasta hay talleres para reír!

   Ante la falta del empuje que provee el deseo, llevados literalmente por mandatos, las perspectivas de la vida de un sujeto, su horizonte se hace oscuro, allí opera la creencia por la necesidad de saber el futuro. 

   Si bien cada sujeto se realiza en su singularidad, es a su vez producto de una época. La búsqueda de que le garanticen que el futuro no será el infierno más temido, es propio del sujeto, creer que hay quién pueda saber de eso es propio de los que esperan el saber del Otro. Allí se asienta en parte el hacer de los que dirigen nuestro país; por un lado toman medidas que favorecen la transferencia (de riquezas, interés, objetivos culturales, etc.) de la mayoría popular a las minorías que concentran la riqueza y por el otro hacen de videntes; igual que un vidente no tienen que argumentar por qué lo dicen. Todo va a estar mejor, su vida será más feliz…

   Quienes apoyan aún el proceso a pesar de verse afectados por el mismo, cada vez se ponen más agresivos en la defensa del “modelo”, son efecto del discurso llamado del capitalista; es por esto y porque quieren creer que tienen futuro, apoyan.

    Otro tema es cómo convivir con la violenta represión que se ha desatado últimamente. Es aterrador comprobar, algunos en su propio cuerpo, cómo una multitud de personas que han participado periódicamente en manifestaciones ligadas a la búsqueda de libertad se convierten en enemigos, cuasi terroristas a los que hay que combatir. Establecido este escenario y sabiendo (sin necesidad de videntes) que deberemos convivir con él, intentemos no reiterar lo que ocurrió en la dictadura en la que esa realidad se escotomizaba, sucedía en “otro” lado. En este mundo capitalista, donde no hay para todos, entonces sobran, la palabra inclusión es la utopía.

martes, 16 de mayo de 2017

PALABRAS



Las palabras dan forma a la realidad. Es una verdad hecha saber del que ya disponemos.
Hay el Biendecir o el Maldecir. Que operan sobre el modo de los lazos.
Están las malas palabras, que vehiculizan rechazos; que se acercan a goces prohibidos.
Están los que dicen las cosas bien y pueden ser escuchados, o por el contrario las dicen mal y por eso son rechazados.
Y están las palabras que dicen BIEN lo que un humano parlante debiera rechazar. GENOCIDA, TERRORISMO DE ESTADO, HOLOCAUSTO, no deben ser sustituidas por otras que les quiten peso porque nombran lo que no debería volver a ocurrir.

Adelfa Jozami

Recomiendo el artículo en contratapa de Página 12 del 7 de mayo de Noé Jitrik. Se llama Rechazo/ Aceptación.

https://www.pagina12.com.ar/36184-rechazo-aceptacion

lunes, 8 de mayo de 2017

La función del amor y del dinero en la práctica psicoanalítica

Me interesa entrar en el debate que Luciano Lutereau ha abierto en un artículo publicado en Página12 el jueves pasado, que titularon "Mi analista me ama", aunque posiblemente él haya llamado “La función del dinero en psicoanálisis”.

Coincido en que el dinero cumple una función que, si bien se inscribe en un contexto de economía capitalista, intenta mostrar al psicoanálisis como una práctica sin valor….. de cambio.

El analizante paga por hablar y le demanda al analista saber sobre su sufrimiento. Esta demanda es de amor, como toda demanda. Si el analista respondiera del mismo modo, no habría análisis. El autor propone la definición que da Lacan del amor: Dar lo que no se tiene a quien no lo es como el modo del lazo analítico. Este lazo, que constituye el amor de transferencia, que pone en cuestión el ser y el tener, es el terreno donde se desarrolla el análisis, pero es un obstáculo para que el análisis se realice, paradoja fundamental de esta práctica; es por esto que el analista interpreta propiciando un corte de éste campo.

Que el analizante paga con dinero, pues si no lo hiciera podría pagar con otra cosa es muy cierto, además (y por eso es incómodo para el analizante) es lo que le permite indicar que lo que allí ocurre no es una relación amorosa. Que la contrapartida sea que el analista da (lo que no se tiene) su tiempo, es al menos, cuestionable.  Puede ser que al autor le falte el tiempo, pero lo cierto es que a algunos ¡les sobra! Tampoco es algo que escapa a la acción significante ya que es mensurable, por lo que está concernido por la dialéctica del ser y el tener. Puede que el tiempo, singularmente, funcione como objeto a para quién lo suelta en el campo del Otro, pero esa singularidad no podría universalizarse como lo que implica el lazo entre analizante y analista. Por otra parte Lacan propone trabajar los pagos del analista en relación a su persona, su palabra y el juicio sobre su acción, lo que denominamos abstinencia.

Lo que empuja al analista a llevar adelante un análisis, en el que se presta a ser tomado como objeto para poder ejercer el corte, es el deseo del analista. Noción sumamente importante que entre otras cosas, permite la abstinencia del analista y hace posible establecer la mayor distancia, como nos enseña Lacan, entre el objeto causa de deseo y el ideal del yo (del analista) propiciado por el amor.